Se ignora la fecha exacta de su constitución, aunque los
primeros documentos que existen datan del año 1536, sendas bulas firmadas por
el Papa Pablo III. Probablemente formada con anterioridad ya que existen serios
indicios de que fuera fundada por Isabel I de Castilla, a finales del siglo XV,
como así atestiguan los estatutos y regla de la hermandad hasta la renovación
de estos el año 1942. Sus primeras Reglas son aprobadas por Auto de fecha 16 de
Noviembre de 1.569 dictado por el Abad de Valladolid, como delegado de la
autoridad diocesana del Obispo de Palencia, pues en aquellas fechas no había
sido erigida la Diócesis. En estas la Cofradía recibe el nombre de”Cofradía de
Nuestra Señora de la Quinta Angustia y Angustias y Soledad de Nuestra Señora de
los Desamparados”.
La función de la Cofradía se desenvuelve principalmente en
el campo asistencial en primer lugar para con los hermanos en vida y, luego, en
procurar los sufragios precisos para que puedan alcanzar su salvación personal,
después de su muerte; mantiene un hospital, allega fondos para obras de caridad
y misericordia a cuyo fin todos los cofrades estaban obligados a pedir limosna
por la ciudad; asiste al cofrade preso o descomulgado; entierra de los muertos
cuyos cadáveres nadie reclama; asiste con botica y facultativos a los hermanos
enfermos; se interesa de la asistencia jurídica al cofrade preso, etc.
En 1.613 la Cofradía adquiere un especial impulso merced a
la donación de su Templo Penitencial edificado por un cofrade MARTÍN SÁNCHEZ DE
ARANZAMENDI, en suelos propiedad de la Cofradía, en la Plazuela del Almirante,
frente a las Casas del Almirante de Castilla. La ingente obra – que supone una
inversión que el donante cifra en 60.000 ducados de oro – se completa con el
establecimiento de un Patronazgo que garantiza el funcionamiento del Templo y
el esplendor de los cultos y medios económicos de la Cofradía en los doscientos
años siguientes. Todo ello según escritura otorgada en Valladolid en Abril de
1.613 entre la familia del fundador de un lado y la Cofradía de otro.
Desde esta fecha la pujanza de la Cofradía en los años
posteriores se manifestó en las vinculaciones personales con la Real
Chancillería, cuyos funcionarios formaban parte de sus listas de Cofrades, así
como el hecho de que el potente gremio de entalladores – a través de la
Corporación y Cofradía del Patriarca San José estuviera radicada en el Templo
que le sirvió de sede material. Así fueron cofrades el propio Juni, Rincón o
Gregorio Fernández que portaba en la procesión el pendón del gremio
correspondiente.
Como consecuencia de las disposiciones dictadas el 25 de
1.783 por Carlos III para afrontar la reforma de los excesos de las cofradías,
nuestra Cofradía aprueba reglas reformadas en 1.793, sancionadas por el Consejo
de Castilla el 16 de Abril de dicho año y modifica los cargos de Alcalde,
introduciendo las figuras del Alcalde Antiguo y del Moderno, en los términos
que actualmente conocemos, por Real Cédula de Agosto de 1.804 firmada de puño
de Carlos IV.
A lo largo del siglo XIX la Cofradía experimenta una
prolongada crisis como consecuencia de los procesos de cambio social y político
producidos desde la invasión francesa hasta la pérdida de las colonias y el
comienzo de un nuevo siglo. Es precisamente en 1.900 cuando la Cofradía se da
los primeros Estatutos entendidos en sentido moderno como norma racional que
sustituye a las viejas Reglas. Estos Estatutos seguirán vigentes con ligeras
modificaciones en 1.931 y algunas más profundas en 1.942, hasta 1.988 en que es
aprobada la vigente Regla.La Cofradía de inicios del siglo XXI es una
asociación de fieles viva, comprometida con la función del laicado en la
transformación de la vida social para “animar con espíritu cristiano el orden
temporal”.
Como señala la vigente Regla la Cofradía proyectada al
futuro es respetuosa con su tradición cuando dice que “la cofradía reconoce el
especial valor que, como expresión de su primigenio espíritu, tienen los
capítulos de su Regla de 1.569, para inspirar su comportamiento en el presente,
y formalmente los declara como dignos de respeto por todos los cofrades y de
aplicación directa en cuanto ello pudiere ser posible”.
Sede:
La calle de Torrecilla era llamada en el siglo XVI “calle de
las Angustias Viejas”, debido a que en los primeros años de aquel siglo era
donde estaba situado el primitivo oratorio de esta cofradía, permaneciendo en
dicha calle hasta el año 1604, fecha en la que gracias a la aportación del
mercader don Martín Sánchez de Aranzamendi y su esposa doña Luisa de Rivera,
pudo construirse el nuevo templo “frente a las casas principales del Almirante
de Castilla don Alonso Enríquez” (actualmente Teatro Calderón). El escudo
heráldico de los donantes figura con profusión en las partes más destacadas del
templo. Está consagrado a la advocación de la Virgen de la Anunciación. Podemos
admirar en el retablo de la nave central dicho Misterio de la Anunciación, obra
de Francisco de Rincón.
Fue construido bajo la dirección de Juan de Nates,
trabajando a sus órdenes los maestros de cantería Gaspar de Vallejo, Martín de
Uriarte, Juan de la Celaya, Juan de Rozadilla, Hernando de Munar, Juan de la
Muela y Juan del Valle. En la sala de Cabildos(recientemente restaurada)
podemos observar el trabajo de Bartolomé de la Calzada.
En los primeros años del siglo XVIII la cofradía reconstruye
la planta de la capilla, lugar este destinado a rendir culto a la imagen
titular. De la magnífica capilla son encargados de su construcción el maestro
de cantería Francisco Pérez y el escultor Gregorio Díez de Mata, sin olvidar
algunas inturas encargadas al italiano Manuel Petti y la obra realizada por el
maestro dorador Santiago Montes.
Consta de una nave central con varias capillas en sus
laterales. Una de ellas de mayor tamaño que el resto, que es la usada para la
ubicación de la imagen titular. Así, y siguiendo el orden de izquierda a
derecha, nos encontramos con la capilla del Cristo de los Carboneros; capilla de
San José; capilla del Sto. Entierro, Nuestra Señora de la Soledad y San Judas
Tadeo; Altar Mayor; capilla de Nuestra Señora de las Angustias; capilla de la
Virgen de la Encarnación, y , por último capilla de Sta. Gertrudis.
Hábito:
La Cofradía tiene dos configuraciones del hábito reconocidas
en su Regla. Cada uno de ellas tiene su uso específico. La primera se utiliza
para actos dentro del templo o salidas procesionales en días de Alegría como
Domingo de Ramos, Domingo de Resurrección. Esta consta de túnica de terciopelo
azul turquí con puñetas de encaje y galón de plata vieja, guante blanco o negro
según el día, cíngulo rojo y peto rojo. La segunda configuración es vestida por
los Cofrades en el resto de salidas procesionales que realiza la cofradía. Esta
segunda conformación difiere de la primera en que siempre se viste con guante
negro y en lugar de peto se usa capirote de tela idéntica a la túnica con el emblema
de la cofradía, en fieltro rojo, cosido en el pecho o bordada en hilo del mismo
color. Ambas configuraciones se visten utilizando calzado negro de corte
clásico.
Procesiones en las que participa:
El Martes Santo porta a hombros a Nuestra Señora de las
Angustias en la procesión del Encuentro.
El Viernes Santo, a la una de la mañana, tiene lugar la
Procesión de Regla de la Ilustre Cofradía Penitencial de Nuestra Señora de las
Angustias. En la cual la cofradía porta todos sus pasos a hombros hasta la
Catedral para realizar una estación de penitencia en el interior del templo.
Cierra la Procesión General de la Sagrada Pasión del
Redentor alumbrando a su imagen titular, Nuestra Señora de las Angustias
El Sábado santo, al finalizar la procesión General, las
mujeres de Valladolid acompañan a la Señora de las Angustias en la procesión de
La Soledad.

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